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Nacido en Tambores y formado en Paysandú, Rómulo Duarte Saucedo eligió la mecánica como camino de vida. A lo largo de más 25 años se adaptó a los cambios tecnológicos y hoy lidera un taller que creció sobre valores sólidos y una pasión intacta por los motores.

Su historia comenzó en Tambores, un pueblo donde la ganadería era casi la única salida laboral. Desde allí tomó una decisión que marcaría su vida: mudarse a Paysandú para estudiar y dedicarse a los motores.

“En la época en que yo iba al liceo había hasta cuarto año en Tambores. Si uno buscaba oportunidades o algo diferente a la ganadería, había que partir. Las opciones eran dos: Tacuarembó, que estaba a 40 kilómetros, o Paysandú, a más de 200. Yo desde chico soy de tomar desafíos y opté por Paysandú, donde había más posibilidades y todavía era una ciudad pujante, industrial, llena de fábricas.

En 1994 me vine a estudiar a la UTU, ya decidido a que iba a ser mecánico. Hice un curso de cuatro años: empezamos 35 y terminamos 4, y de esos, solo dos o tres seguimos en la mecánica”.

Duarte se instaló en la casa de unos tíos. Recordó que con el tiempo, “hice un poco de todo, trabajé con motos, cosechadoras, ómnibus, camiones, autos, así fui cultivando la pasión”.

LOS PRIMEROS PASOS
No recordó exactamente su primera reparación, pero sí aquel inicio lleno de oportunidades: “Se fue dando todo muy de a poquito, muy variado, tratando de aprovechar las oportunidades que se presentaban. Después, el tiempo hizo lo suyo”.

En esa etapa recibió apoyo y consejos de varios profesores de UTU, de quienes destacó la “calidad” como docentes pero también como personas.

“Fueron como mitad profesores y mitad padres. Solo por nombrar a dos de los más reconocidos: Daniel Piacenza fue una persona que nos marcó mucho, también Boris Terzieff, un tornero excelente que nos exigía bastante, pero aprendimos mucho de él”, comentó.

EL CAMBIO TECNOLÓGICO
Su carrera atravesó una transformación enorme: la irrupción de la electrónica en los automóviles. “El mundo ha cambiado muchísimo, la electrónica lo revolucionó todo. En aquella época pensar en un auto eléctrico era ciencia ficción, hoy lo estamos viendo. Hoy tenés que ser más técnico en electrónica que mecánico de los de antes”, observó.

Ese cambio lo obligó a capacitarse continuamente. “Durante muchos años la mecánica fue más o menos lo mismo, pero con la llegada de la inyección electrónica” todo cambió, apuntó. “La electrónica afecta todas las partes del auto: suspensión, motor, dirección, transmisión, seguridad. Eso nos obligó a aprender electricidad y electrónica, conceptos básicos para poder trabajar”, indicó. En este sentido, agregó que hoy es muy difícil ser un mecánico multimarca porque cada empresa tiene sus protocolos y arquitecturas.

PASIÓN Y EMPRESA
Duarte aseguró que lo que más disfruta es la posibilidad de vivir de lo que ama: “Yo no vengo pensando en que vengo a trabajar, vengo a hacer lo que quiero hacer. Lo hago con mucho gusto y con pasión, porque me apasiona la mecánica y haber desarrollado una empresa a partir de esa pasión es lo que me llena”.

Hoy su taller cuenta con ocho empleados, lo que implica también un rol empresarial: “No es solo la parte de ser mecánico, también hay que aprender a ser empresario. Me he ido formando con el tiempo. Y también disfruto de dar trabajo, de motivar a un equipo, de mantenerlo en la cresta de la ola y que quieran la profesión que tienen”.

RECUERDOS ESPECIALES
Entre las anécdotas de tantos años, destaca la visita de un cliente particular: “Un señor francés, sobrino nieto de Antoine de Saint-Exupéry; venía cada tanto a recorrer los lugares de América donde había estado su tío abuelo”. Repartía ejemplares de El Principito en escuelas y comunidades. “Tuve la oportunidad de atenderlo en varias oportunidades, traía su Toyota 4Runner para hacer el service y siempre volvía a nuestro taller. Era una persona de una calidad humana muy grande”.

VALORES Y CONSEJOS
Duarte sostiene que hay valores fundamentales para el oficio: “Primero que nada la honestidad. Es un rubro donde se presta para hacer trampa”, indicó, considerando que la honestidad “es el pilar”. También “la puntualidad, la seriedad y la responsabilidad”, apuntó.
En su visión, a veces “el éxito no es tener 200 autos en el taller, sino uno solo y hacerlo bien, que el cliente quede conforme”, sintetizó.

A los jóvenes que piensan iniciarse en la mecánica les advierte que es una profesión apasionante, pero exigente: “Hoy hay que capacitarse mucho e invertir, porque es un rubro donde se necesitan herramientas de alto valor”. A la vez destacó que se trata de un oficio en el que “se cotiza bien un empleado capacitado”.

UNA VIDA ENTRE MOTORES
Al mirar hacia atrás, Rómulo Duarte confesó que al mirar su trayectoria, lo que más lo llena de satisfacción es “el camino recorrido, haber tomado aquella decisión de salir de ahí en ese momento. Tener 48 años y poder ahora seguir disfrutando de lo que en ese momento quería hacer”.

Aunque reconoce que la pasión de los primeros años no es la misma, porque “la parte empresarial absorbe más tiempo”, igualmente mantiene su entusiasmo por asumir nuevos desafíos. “Sigo pensando en proyectos nuevos, en crecer, en dar trabajo a más gente. Siempre confiando en nuestras posibilidades”, reafirmó.

Ese crecimiento se tradujo también en un reconocimiento reciente. “Representamos marcas de primer nivel y hace un año logramos tener el servicio oficial de Ford, una de las más grandes a nivel mundial”.

El entrevistado resaltó que esa confianza es motivo de orgullo y remarcó que la apuesta permanente es seguir creciendo, transmitiendo optimismo al equipo y alimentando el entusiasmo por hacer las cosas bien.

Fuente: Diario El Telégrafo